Falta una semana para la fiesta de Todos los Santos y el Telediario ya esta haciendo publicidad de la dichosa fiesta yanki: el Halloween. Solo de pensarlo ya me pongo de mala leche: calabazas malgastadas conviertiendolas en faroles, niños disfrazados de un pesimo gusto, y a mi entender, inapropiado para su entendimiento, y pubs, discotecas y demas antros decorados como si estuvieramos en un pueblo de Winsconsin!!
Dentro de unos años, si mi hija de 6 meses viene a pedirme un disfraz de bruja o de zombi para la fiesta del colegio, me gustaria contarle que esa celebracion no pinta nada en nuestra forma de entender la vida. Me gustaria contarle como la entienderon sus tatarabuelos, sus abuelos y sus padres, desde luego sin tener que mendigar caramelos. Recuerdo la celebracion de Todos los Santos como un dia gris -aunque luciera el sol-, frio -aunque fuera caluroso-, y melancolico -ya que era el primer dia de fiesta con el nuevo horario de invierno-, transcurrido entre las visitas a los dos cementerios de las localidades donde se encontraban enterrados mis familiares. Tambien lo recuerdo como el reencuentro con primos y tios que normalmento no veia, y sobre todo, me quedaba con la sensacion de formar parte de algo, de saber que el grato recuerdo de personas unidas a mi pervivia en la memoria colectiva.
Con el paso del tiempo, las visitas a los cementerios se fueros esplayando hasta casi desaparecer por completo. Creo que no es el mejor dia para visitar esos lugares por la enorme afluencia de gente. Pero un dia me gustaria visitarlos con mi hija para transmitirle el sentimiento de que forma parte de esas personas que, aunque ella no existiera todavia, formaron parte de la vida de sus padres. Que su paso entre nosotros dejo huella, y aprender a no olvidar. Para todo eso no necesita estupidos disfraces. Ni ridiculas calabazas faroleadas. Ya vale de americanadas...
domingo, 26 de octubre de 2008
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